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馃尶 Reflexi贸n: Trenzar la tristeza

Hay sabidur铆a ancestral en los gestos simples. Trenzar el cabello, como dec铆a la abuela, no es un acto cualquiera: es un ritual silencioso, una medicina femenina, un acto de contenci贸n sagrada. En cada hebra que se entrelaza, tambi茅n se enreda el dolor, se resguardan las l谩grimas no derramadas, se aquieta la voz que no encuentra palabras.

Nuestra melena es m谩s que adorno: es extensi贸n del alma, red de memorias, ra铆z viva. Al trenzarla con intenci贸n, tejemos tambi茅n protecci贸n, amarre y refugio. Evitamos que la tristeza se instale en los ojos, que haga llover la mirada; que invada la boca, oblig谩ndola a decir lo que el coraz贸n no siente; o que envenene las manos, volvi茅ndolas torpes o amargas.

En nuestra cosmovisi贸n, como en cada ceremonia que compartimos, reconocemos que el cuerpo habla, que la energ铆a se mueve, y que cada parte de nosotras guarda un saber. Por eso, cuando el alma se siente pesada, trenzar el cabello puede ser una ceremonia 铆ntima: una forma de decirle al universo que s铆, duele, pero no nos rendimos; que s铆, sentimos, pero no dejamos que la emoci贸n nos arrastre sin direcci贸n.

Trenzar la tristeza es darle un cauce. Es ofrecerle un espacio para reposar, sin permitirle gobernar. Y as铆, cuando el viento del norte sople, como en los rituales de liberaci贸n, ese dolor quedar谩 atr谩s, envuelto en hebras antiguas, disipado entre los cantos del amanecer.

Trenza tu tristeza, hermana. 脕mala, honrala, pero no le entregues tu voz. Y cuando el sol renazca, ver谩s que la pena se ha dormido entre tus cabellos, lista para partir.


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